Permaneced sentados y poned vuestro cuerpo en una posición cómoda. No crucéis ni las piernas ni los brazos y apoyad la espalda en el respaldo de la butaca. Vamos a empezar la sesión con una pequeña prueba.

No estoy montado en un avión ni en nada parecido. Me encuentro en la pequeña asociación de magos de mi ciudad. Aunque somos de cinco a diez magos, depende del día, tenemos buenos contactos y podemos organizar minicursillos interesantes. Hoy tenemos una master class de hipnotismo lúdico, una rama de la hipnosis no basada en la terapia sino en la diversión. Es una rama suplementaria a la magia, pero en España tenemos escuelas de este tipo de hipnotismo y los mejores hipnotizadores hacen giras por todo el país para sorprender a su público.

Como buen neuroescéptico, debo admitir que tenía mis dudas acerca de la hipnosis. Sabía que sólo unas pocas personas son susceptibles a la hipnosis, y creía que sólo es una actuación por parte del hipnotizado, quizá para llamar la atención, quizá por seguirle la corriente al hipnotizador. Mientras me ponía cómodo con cara escéptica en mi butaca, subió a nuestro pequeño escenario un hipnotizador de Sevilla llamado Efe, de voz grave y lenta (perfecta para su profesión) y con una perilla algo mística. Se sentó en una silla con una botella de agua cerca. No necesitaba más accesorios, sabía que en su sesión solo necesitaba usar las palabras adecuadas.

Cerrad los ojos, imaginad que estáis en la parte alta de una escalera, una escalera estrecha que avanza hacia abajo, hacia la oscuridad. Dais un paso y bajáis un escalón, y notáis como la oscuridad os envuelve. Otro peldaño… otro más. Cada vez está más oscuro. Otro más. Estáis en la absoluta oscuridad. Si extendéis la mano encontráis un pomo de puerta, al abrirla hay una luz brillante. Os encontráis en un prado verde. Notáis el césped recién cortado bajo vuestros pies. Podéis olerlo. Se acerca flotando un globo rojo. Está atado con una fina cuerda blanca. Cogéis el globo por la cuerda, notáis la suavidad de la misma. Poco a poco el globo se eleva, y vuestra mano con él. Notáis como se eleva cada vez más y empuja vuestra mano. Diré tres y abriréis los ojos. Os encontrareis de vuelta en el salón pero aun llevareis el globo en la mano. Uno… dos… tres… Abrid los ojos.

Parece que tenemos unos pocos voluntarios para mi espectáculo.

Abrí los ojos y miré mi mano elevada por encima del hombro. Solo pude decir una cosa:

Vaya…

En las siguientes horas tres voluntarios “forzados” (incluido yo) fueron hipnotizados e inducidos a realizar acciones pintorescas como paralizar un brazo o reírse sin motivo. Fue una velada muy divertida.

Sin embargo, al llegar a casa mi escepticismo volvió a surgir: ¿Qué acababa de pasar en mi mente? ¿Qué es realmente la hipnosis?

Antes de empezar a intentar responder estas preguntas, te propongo un pequeño experimento. Di en voz alta los colores de las palabras que salen a continuación:

stroop
Test de Stroop

¿Te ha costado? Esta prueba se llama Test de Stroop y evalúa la conexión entre la percepción semántica de las palabras y la percepción visual. Tardamos menos en leer una palabra que en percibir su color y nombrarlo, por eso nos cuesta responder al test. Pues bien, en la hipnosis recreativa se puede conseguir que una persona pierda la capacidad de leer, haciendo para ellos los textos incomprensibles, es decir, provocando una afasia inducida. Podemos pensar que todo está en la imaginación del voluntario, pero si hacemos este test con ellos responden sin problema y mucho más rápido que los sujetos sin hipnotizar (o sugestionados con otras ordenes), por lo que parece que “algo hay” en la hipnosis recreativa, ¿pero qué es?

Primero descartemos algunos mitos respecto a la hipnosis. Una persona hipnotizada o en trance no está dormida. Tiene un contacto directo con la realidad, oye y es consciente de todo lo que sucede a su alrededor y es capaz de moverse a su voluntad. Si hay un incendio en una sala llena de gente hipnotizada probablemente corran tan rápido como nosotros hacia la salida. Cuando el hipnotizador le da órdenes (que debe repetir con cierta insistencia) el hipnotizado obedece, pero sabe que puede no obedecer. El libre albedrio no está afectado en la hipnosis. Cuando me dicen que mi brazo está paralizado y no lo puedo mover, sé que si insisto lo suficiente podré moverlo… pero curiosamente no me apetece hacerlo. Esa es la sensación exacta que tiene una persona hipnotizada.

Como es lógico, este tema está lleno de polémica desde sus orígenes. Cuando Jean Martin Charcot dio a conocer este fenómeno en 1878 en el famoso Hospital de Salpetriere, rápidamente los neurocientíficos y psicólogos de la época se dividieron en tres bandos: los que creían que la hipnosis no existe y es sólo la imaginación del voluntario, los que creen que existe pero es un proceso patológico, y los que creen que es un fenómeno natural en nuestro cerebro y se podría usar para terapia. Actualmente la división es aún más clara: la mayoría de neurocientíficos piensan que no existe, y la mayoría de psicólogos piensan que es útil en terapia. Además, los primeros análisis de EEG que se realizaron en este contexto comprobaron que las ondas cerebrales de alguien hipnotizado no son especialmente diferentes a las de alguien sin hipnotizar. Como mucho tienen una cantidad algo mayor de ondas alfa, que suelen aparecer durante la meditación, o cuando “soñamos despiertos”. Punto para los neurocientíficos y la no-hipnosis.

Pero la llegada de los escáneres de resonancia funcional cambió el curso del partido. Estos escáneres miden la circulación sanguínea en el cerebro, considerando que si en un área aumenta significa que en este momento ese área esta activada (aunque como veremos otro día, esta idea es algo inexacta). Al meter a una persona hipnotizada en un escáner de resonancia comprobaron algo interesante: la actividad en el área prefrontal del cerebro disminuía de manera repentina.

Esta región, situada justo detrás de nuestra frente, se considera la encargada de la toma de decisiones, y de varios aspectos de nuestra personalidad. Es la región que se dañaba durante las “populares” lobotomías realizadas en los años treinta para el tratamiento de diferentes enfermedades mentales. El excéntrico médico Walter Freeman viajaba por todo Estados Unidos en su lobotomovil ofreciendo un tratamiento basado en dañar esta región usando un picador de hielo (prefiero dejar los detalles a vuestra imaginación, pero debéis saber que fue candidato al Nobel por esta técnica), y podemos decir que el tratamiento era efectivo: un lobotomizado dejaba de ser un enfermo mental violento. Aunque también dejaba de ser un humano integro, ya que al lobotomizar a alguien se volvía un sujeto encerrado en sí mismo, que no hablaba ni interaccionaba con la gente, pero era extrañamente dócil y capaz de obedecer órdenes si se lo pedían. De aquí que algunos científicos piensen que este estado es bastante similar a la hipnosis, y la prueba del escáner parece confirmarlo. Puede que la gente hipnotizable sea capaz de “desconectar” de manera voluntaria su corteza prefrontal con las palabras del hipnotizador, dejando al sujeto relajado y dócil. Punto para la hipnosis.

Walter Freeman, neurólogo que en los años cincuenta viajó a traves de Estados Unidos ofreciendo realizar lobotomias a diferentes pacientes.

Como dije antes no todo el mundo es hipnotizable. Los hipnotizadores lúdicos realizan una primera prueba con todo su público para detectar a los sujetos “más hipnotizables” y utilizarlos de voluntarios. Muchos estudios se basan en buscar que hay diferente en el cerebro de estas personas hipnotizables… sin mucho éxito.

A nivel neuroanatómico, el cerebro de los “hipnotizables” y el de los “no hipnotizables” no tiene diferencias muy significativas, excepto en una región concreta llamada la red neuronal por defecto. Esta red está distribuida por todo nuestro cerebro y se activa cuando no pensamos en nada concreto (por eso se llama “por defecto”). Los hipnotizables tienen mayor actividad en esta región, pudiendo interpretarlo como que pueden dejar la mente en blanco con mayor intensidad.

redneuronaldefecto
Regiones que forman la Red Neuronal por defecto.

Se ha comprobado que la capacidad para ser hipnotizado puede variar en una misma persona según su edad: los niños pequeños no son hipnotizables, alcanzamos un pico de “hipnotizabilidad” cerca de los 25 años y luego este pico disminuye cuando somos adultos o ancianos. La red por defecto cambia su actividad a lo largo de los años siguiendo un patrón similar. De hecho, algunos tipos de esquizofrenia se asocian a fallos en esta red, por eso surgen en la veintena, que es cuando esta red se encuentra más activa.

¿Para qué nos puede ser útil la hipnosis? En realidad para menos cosas de las que nos quieren hacer creer. La sugestión del hipnotizado solo dura durante la sesión. Una buena noche de sueño “espabila” lo suficiente al sujeto para que desaparezca cualquier efecto secundario. Así pues, ordenarle “no fumes nunca más” no tiene mucho sentido. En cambio sí que es muy útil para el tratamiento de traumas, fobias y estrés. La hipnosis permite a la persona estar relajada y poder enfrentarse a esos miedos o traumas sin bloqueos ni estrés adicional. Respecto a las regresiones a la infancia debemos tener cuidado con la interpretación: recordemos que el cerebro de una persona hipnotizable tiende a soñar despierto más de lo normal, así que pueden inventarse recuerdos falsos con mucha facilidad. A no ser que tratemos con un recuerdo traumático bloqueado por estrés, lo normal es que si no recordamos algo sin estar hipnotizados tampoco lo recordemos durante la hipnosis.

Hoy en día parece que aún hay pelea en este campo. Cada año son más los laboratorios que buscan alguna lógica al fenómeno de la hipnosis, pero ya hay menos dudas sobre su propia existencia. Incluso el físico Richard Feynman fue hipnotizado en su juventud y estuvo dándole vueltas al tema. Quizá cuando nos volvemos adultos las preocupaciones y responsabilidades hacen que no podamos relajarnos y dejar la mente en blanco. Quizá cuando el hipnotizador hace ese truco para ver quien levanta la mano realmente está preguntando indirectamente quien es capaz de soñar despierto y desconectar del mundo por sí mismo. Si ese es el caso, me alegro de levantar la mano.

Para leer más:

Todos los estudios a los que hago referencia están en este trabajo.

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