Debido a mi interés por la magia, siempre he tenido una curiosidad especial por el campo de la percepción visual y las ilusiones ópticas. Junto con los mecanismos de control de la atención, las ilusiones ópticas juegan un papel fundamental en el diseño de esos grandes aparatos mágicos que permiten cortar a una persona por la mitad o hacer desaparecer a un voluntario. Como suele decir el público, al final todo es cuestión de humo y espejos… y en algunos casos no van muy desencaminados.

Ya he hablado en artículos anteriores sobre las ilusiones ópticas. Por definición, una ilusión óptica es una distorsión de la imagen o el color que no podemos evitar ver. Da igual que sepamos el “fallo”, siempre seguiremos cayendo en ella. Una de las ultimas ilusiones ópticas famosas es la de los colores del vestido (llamado por la red como #TheDress). Unas personas lo ven de color blanco y dorado, y otras de color negro y azul.

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Ilusión optica del vestido. Algunas personas ven el vestido de color blanco y dorado, otras de color azul y negro. A día de hoy, hay muchas teorias sobre por qué sucede esto.

Si os habéis interesado por el tema habréis buscado algún artículo con la explicación. Os voy a confesar algo: hoy en día nadie tiene ni idea de por qué esa ilusión óptica funciona. Al estar recién descubierta aún no se han realizado suficientes experimentos que dejen una idea clara, así que realmente cada artículo sobre el tema son hipótesis de cómo podría funcionar. Son buenas hipótesis, pero sin pruebas no sirven de nada. Por no desilusionar, la ultima teoría sobre el tema comenta que existe, sorprendentemente, una relación entre nuestros cronotipos (búho / alondra) y cómo vemos el color del vestido, pero comentaban sus limitaciones a la hora de sacar conclusiones.

Sabemos que las ilusiones ópticas están provocadas por errores que introduce nuestro cerebro al representar la realidad. Lo que vemos no refleja necesariamente la realidad, sino una versión adaptada y procesada por el trabajo conjunto de varias estructuras cerebrales. Para poder procesar la imagen lo más deprisa posible, nuestro cerebro en vez de entretenerse en copiar de manera exacta cada estímulo lumínico prefiere improvisar, tomando líneas y colores y creando una idea aproximada sobre conceptos como profundidad, curvatura, o contraste de color. Normalmente estas aproximaciones o atajos funcionan bien, pero a veces fallan, interpretando incorrectamente algunas imágenes, lo que acabamos llamando “ilusiones ópticas”.

Recientemente, un estudio elaborado por el equipo de Pawan Sinha del Instituto de Tecnología de Nueva Delhi ha roto la idea que teníamos todos sobre las ilusiones ópticas. Han puesto en duda algo que todos pensábamos de manera inconsciente: que la vista y las ilusiones ópticas van “juntas”.

La vista es una habilidad que debemos aprender. En nuestros primeros meses de vida nuestro cerebro aprende poco a poco a traducir las señales lumínicas que recibimos en formas y objetos concretos. Esto lo sabemos gracias a los trasplantes de córnea. Cuando comenzaron a realizarse los primeros trasplantes de córnea (sobre 1930), muchos pacientes que llevaban décadas ciegos recuperaron la visión de manera repentina. En algunos casos se comprobó que los pacientes habían olvidado cómo ver. Cuando observan una imagen sólo logran ver un cumulo de luces y colores, no distinguen las formas concretas de los objetos, no perciben la profundidad ni saben distinguir las caras de la gente. El mundo se ha transformado en un cuadro abstracto sin sentido para ellos. (Se puede leer sobre uno de estos casos clínicos en Un antropólogo en Marte, de Oliver Sacks).

Por eso se asumió de manera inconsciente que los atajos visuales que inducen las ilusiones ópticas están ligados al aprendizaje de la visión. Cuando empezamos a ver nuestro cerebro aprende estos pequeños trucos y acaba percibiendo con el tiempo las ilusiones ópticas. La oportunidad de examinar a pacientes que recuperaran la visión de manera tardía acabó en esa misma década. En la actualidad, el trasplante se realiza en el momento, así que no se volvió a repetir la oportunidad de estudiar las ilusiones ópticas en gente que había olvidado cómo ver. Únicamente quedan los bebes, que aún están aprendiendo el proceso, pero no suelen ser muy habladores como para poder describir lo que están viendo…

En el estudio de Sinha aprovecharon el proyecto Prakash, una iniciativa humanitaria del MIT que ayuda al tratamiento de problemas de visión en niños de Nueva Delhi. De repente, se volvía a repetir la situación de 1930, habiendo niños que habían nacido sin visión (o la habian perdido en los primeros meses de vida), y habían recuperado la vista tiempo después. Reunieron niños de entre 8 a 16 años (recién recuperados y que nunca habían aprendido a ver) y les mostraron diferentes ilusiones ópticas. Y aquí viene lo raro: podían verlas.

Para ser exactos, les mostraron las dos ilusiones ópticas clásicas relacionadas con la percepción de profundidad: la ilusión de Ponzo (arriba) y la de Muller-Lyer (abajo). Ambas se basan en la interpretación que hace nuestro cerebro de la profundidad mediante el uso de pistas bidimensionales.

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Ilusión de Ponzo. Las dos lineas amarillas son iguales pero parecen diferentes al poner un punto de fuga.
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Ilusión de Muller-Lyer. Las lineas parecen de diferente longitud segun la forma de sus extremos.

Si estos niños no saben ver ni nunca han visto, la pregunta del millón es ¿cómo saben interpretar la profundidad? Parece como si nuestro cerebro no hubiera aprendido estos atajos visuales junto con la práctica de ver, sino que vinieran implícitos en la estructura cerebral. Quizá no aprendemos a ver desde cero, sino que tenemos los caminos adecuados para aprender a ver rápidamente, con los atajos de percepción incluidos (lo que encajaría con el poco tiempo que necesitamos para aprender la técnica, sólo unos meses).

Es curioso que este experimento haya puesto patas arriba lo poco que sabemos sobre ilusiones ópticas, rompiendo ideas que creíamos verdad a pesar de la falta de pruebas. Ahora toca pensar nuevas hipótesis que encajen con los nuevos resultados, así funciona la ciencia. Y si no lo hemos visto hasta ahora, es porque es una ilusión óptica más.

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