Recuerdo cuando iba a la residencia de ancianos a ver a mi abuela. Ella tenía allí una amiga que se sentaba en el sofá y miraba la tele durante todo el día. Cuando mi abuela nos la presentó, ella nos preguntó por nuestros nombres y se puso a hablar de manera animada sobre la vida que llevaban todos allí, y se lamentó por la poca frecuencia con la que le visitaba su familia, sólo una vez al mes. En algún silencio de la conversación, ella volvía a mirar la tele.

De vez en cuando durante la misma visita nos volvió a preguntar nuestros nombres y a quien habíamos ido a visitar. Esta mujer volvió a reproducir la conversación anterior de manera exacta, como programada. De nuevo contó las mismas anécdotas y habló de las pocas visitas de su familia.

Al acabar la conversación (en la que había incluido entre algunos datos nuevos que tenía hambre) mi abuela bajó la voz y nos dijo: “No recuerda nada, su hija y sus nietos van a visitarla prácticamente todos los días, esta mañana acaban de venir. Y siempre les echa la misma bronca por no aparecer”. La amiga de mi abuela tiene amnesia.

Olvidar y ser olvidado son dos de los grandes miedos de la humanidad. El drama que sufren los pacientes de Alzheimer no suele ser tanto para el paciente, sino para la gente de su alrededor. Mientras el paciente pierde poco a poco sus recuerdos, su familia y amigos se enfrentan al drama de encontrarse con alguien desconocido, con quien no comparten la misma amistad o contacto que tenían en el pasado. Es casi como un amor no correspondido.

Cuando se empezaron a estudiar pacientes con amnesia, se comprobó que no perdían todos los recuerdos. Cada amnésico olvida recuerdos diferentes. Por ejemplo, si enseñamos a ciertos amnésicos alguna habilidad, como tocar la guitarra, pueden aprender a tocar una melodía aunque no recuerden ninguna lección previa. Se dedujo entonces que debían existir varios tipos de memoria, y que funcionan en áreas independientes en el cerebro.

Existen diferentes clasificaciones, pero para simplificar podemos agrupar las memorias en:

  • Memoria de trabajo: Es muy rápida y nos permite recordar cosas sólo unos segundos. La usamos para, por ejemplo, apuntar los números de teléfono que nos están diciendo.
  • Memoria a corto plazo: Dura desde horas a un día como mucho. Seguramente recuerdes lo que has comido o cenado hoy, pero mañana o pasado nos será casi imposible (si el recuerdo tiene algún componente emocional o es relevante puede pasar a la memoria a largo plazo). Para esta memoria es necesario el hipocampo y si nos falla sufrimos amnesia anterógrada (como el paciente HM o la amiga de mi abuela).
  • Memoria a largo plazo: Son los recuerdos más valiosos e importantes, los que nos definen (como nuestro nombre, nuestra edad, quien es nuestra familia…). Se piensa que nuestra corteza cerebral alberga estos recuerdos a lo largo de los años y si falla sufrimos amnesia retrograda.
  • Memoria procedimental: Dura también años, así que entra en la categoría de memoria a largo plazo, pero es diferente. En ella se incluyen todas las técnicas motoras aprendidas a lo largo de nuestra vida (como coser o montar en bici) y la estructura del cerebelo parece ser relevante en esta memoria.

Por diferentes causas que aún se estudian, los enfermos de Alzheimer sufren un daño neurológico generalizado. Su cerebro cada vez es más simple: tiene menos neuronas, menos conexiones entre ellas, y se generan menos neuronas nuevas. Esto hace que uno de los primeros síntomas sea la pérdida de memoria a corto plazo (ya que el hipocampo requiere de una gran renovación de neuronas para “sobreescribir” la nueva información), y en estadíos avanzados afecta a la memoria a largo plazo, haciendo que el paciente olvide incluso quién es.

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Comparativa entre un cerebro normal y el cerebro de un paciente avanzado de Alzheimer. (Fuente)

Por ahora se considera que los recuerdos a largo plazo están formados por conexiones concretas entre neuronas de la corteza cerebral. Si se activan varias neuronas asociadas al recuerdo en un orden concreto, el resto se activan por efecto dominó gracias a las conexiones entre ellas y el recuerdo se forma. Por eso a veces, con un pequeño estímulo, como un olor, podemos recordar toda una escena de nuestro pasado. Parece ser que este patrón de activación entre neuronas (llamado engrama) es muy estable, y el recuerdo puede permanecer durante años hasta ser activado con el estímulo concreto.

A pesar de saber esto, nadie entiende qué sucede en el cerebro cuando sufrimos amnesia anterógrada, cuando olvidamos estos recuerdos estables. Algunos neurocientíficos opinan que el problema está en las neuronas que forman el recuerdo, que han perdido conexiones o su actividad está afectada, pero otros opinan que el recuerdo sigue ahí y el problema está en la capacidad de acceder a él.

Hace menos de un mes, una investigación realizada en mi centro actual (RIKEN, Japón) parece que arroja luz sobre el enigma del olvido. El laboratorio del Susumu Tonegawa es líder en optogénetica, es decir, en manipular la actividad de las neuronas usando la luz. Hace unos pocos años lograron activar un engrama con luz, es decir, acertar a activar de manera artificial las neuronas que forman el recuerdo en un animal. Para ello, mientras el animal genera el recuerdo (normalmente es recibir una pequeña descarga tras escuchar un pitido) se marcan las neuronas activadas durante el recuerdo y se las vuelve sensibles a la luz haciendo que expresen una proteína especial presente en algunas algas. Cuando se aplica luz a la zona, el animal siente miedo, recordando la descarga previa, a pesar de la falta de pitido y de descarga.

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Esquema de un engrama. Los puntos azules simbolizan neuronas que forman un recuerdo y sus conexiones. Si activamos las neuronas marcadas en amarillo (que forman el engrama) todas las neuronas acaban siendo activadas.

Su último experimento fue repetir lo mismo pero los ratones amnésicos. Tras aprender la técnica se les suministró una droga que les hizo olvidar todos los recuerdos a largo plazo, como se podía comprobar, ya que al oír el pitido no reaccionaban. Cuando se les suministró la luz vieron que el animal seguía sintiendo miedo. El recuerdo seguía dentro de su cabeza, lo que había perdido era la capacidad para acceder a él.

Con este estudio se demuestra que los recuerdos no se van así como así. Gracias a este estudio se podrán desarrollar nuevos fármacos para ayudar a la gente amnésica a recuperar sus recuerdos perdidos, lo que es una esperanza, ya que es mucho más fácil conceptualmente recuperar la capacidad de recordar que restaurar un recuerdo desaparecido.

También es un consuelo para la amiga de mi abuela. Aunque se queje de no ver a su familia tiene la cabeza llena de recuerdos de alegría cada vez que los ve. Quizá por eso, cuando vienen, vuelve a recibirlos con una sonrisa.

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