Tokio, 16 de diciembre de 1997. Como cada martes Kotaro realiza su pequeño ritual antes de ver en la televisión su programa favorito: Pokemon. Apaga las luces del pequeño salón. Coge una manta del armario y se tumba envuelto en ella para entrar en calor mientras cuenta los minutos que quedan. Su madre se asoma al salón y ríe al ver que su hijo de siete años parece una pequeña oruga marrón. Sabe que durante los veinte minutos que dura el capítulo le escuchará cantar y repetir las frases de sus personajes preferidos. Especialmente de Pikachu, su pokemon favorito. Deja a su hijo disfrutando del espectáculo mientras ella aprovecha para leer un libro encima de la cama.

Diez minutos más tarde se da cuenta de que la casa está demasiado silenciosa. No se oyen los gritos habituales del pequeño Kotaro. Se acerca extrañada al salón y encuentra una escena terrible. Kotaro está tirado en el suelo, aún envuelto con la manta, convulsionando en un ataque epiléptico. Mientras, en la televisión habían cortado rápidamente la emisión del capítulo, y estaban informando de una noticia de última hora: cientos de niños acababan de sufrir un ataque epiléptico mientras veían el capítulo de Pokemon…

Espera, espera, espera. ¿Esto pasó de verdad? – Pregunté, algo incrédulo, a mi compañero de laboratorio. Yo pensaba que esta historia estaba más cerca de ser una leyenda urbana distorsionada que de la historia de terror que me estaba contando.

Claro, fue un suceso que conmocionó al país, conozco a algunos de los niños afectados. A muchos se les hace un seguimiento. Hay varios trabajos científicos sobre el tema. Pensé que lo sabrías, siendo tu especialidad la epilepsia.

Pásame esa información, por favor, quiero ver qué sucedió.

De esa búsqueda sale este artículo sobre la epilepsia y Pokemon. Como dijo mi supervisor, el suceso aún tiene pequeñas repercusiones en la población. La epilepsia es una enfermedad “famosa”, y los japoneses están muy interesados en las investigaciones sobre el tema. Cada cierto tiempo en la televisión ponen algún reportaje sobre esta enfermedad, aunque aquí todo el mundo la conoce con su término japonés: Tenkan.

Para entender qué sucedió ese día en la cabeza del pequeño Kotaro, antes tendremos que hablar un poco sobre la epilepsia. Actualmente no se sabe del todo cómo se produce la epilepsia. Sabemos que existen muchas causas posibles, y que hay algunos factores genéticos que te vuelven más propenso a ser epiléptico. La causa más común es algún daño neurológico durante la infancia. Si un niño de dos años tiene una fiebre muy fuerte y prolongada, sufrirá pequeños daños neuronales. Estos daños pueden ser reparados durante el desarrollo cerebral, pero a veces las conexiones que se forman durante las décadas siguientes no son las correctas, pudiendo provocarse un “cortocircuito” cerebral, al que llamamos foco epiléptico. Este cortocircuito hace que las neuronas no envíen y reciban señales como lo hacen habitualmente, sino que se sincronicen y envíen oleadas de actividad eléctrica.

Dependiendo del tipo de epilepsia, las oleadas pueden ser más o menos frecuentes, y se pueden extender más o menos en el cerebro. Cuando pensamos en epilepsia todos tenemos en mente a un paciente convulsionando, pero esto sólo sucede cuando la oleada eléctrica llega al cortex motor que controla nuestro cuerpo. Si alguien tiene una crisis generalizada (que afecta a todo el cerebro) normalmente lo veremos convulsionar alrededor de un minuto y pasará a un estado de inconsciencia. En este estado inconsciente las neuronas del cerebro están “agotadas” de transmitir las oleadas eléctricas, así que paran y recuperan su actividad normal. Si el paciente sufre varias crisis repetidas las neuronas pueden morir debido al sobreesfuerzo, y los síntomas empeoran tras cada crisis.

encefalograma epilepsia
Encefalograma de un paciente al comienzo de una crisis epiléptica. Se observa como la actividad cambia y se vuelve más sincronizada.

En la mayoría de casos las crisis epilépticas no llegan a extenderse a todo el cerebro, sólo alcanza a unas pocas regiones cerebrales. Estos casos han aportado grandes conocimientos a lo que sabemos actualmente del cerebro, ya que podemos comprobar qué efecto tiene la sobreactividad en una región concreta. Por ejemplo, si tenemos el foco epiléptico en el bulbo olfatorio, sentiremos un olor extraño durante el ataque epiléptico. Gracias a estos conocimientos es posible aproximar en qué región del cerebro se encuentra el foco epiléptico, preguntando por los síntomas que tiene el paciente durante el ataque. Este sistema de diagnóstico fue ideado por el Doctor John Hughlings Jackson sobre el 1900, y era bastante efectivo, hasta ser sustituido por los registros de actividad cerebral actuales.

Algunas epilepsias tienen un foco epiléptico que sólo se activa en determinadas ocasiones. Un ejemplo es la epilepsia del lóbulo occipital, en la cual el foco epiléptico suele situarse en el cortex visual. Como dijimos en el artículo anterior, en esta región existen neuronas que responden sólo a estímulos concretos, por ejemplo a un ángulo de inclinación determinado o a las líneas rectas. Existen ciertos estímulos visuales complejos capaces de “sobreforzar” la corteza visual y provocar la activación del foco epiléptico.

Para detectar este tipo de epilepsia la prueba diagnóstica habitual es provocar un ataque controlado, situando al paciente en una cámara oscura frente a un monitor que emite destellos a gran velocidad. Si un paciente presenta esta epilepsia se producirá un fenómeno llamado respuesta fotoparoxística: las ondas cerebrales mostrarán una crisis epiléptica, el paciente verá luces y colores, se sentirá mareado, y si continuamos con la exposición sufrirá una crisis epiléptica completa. Afortunadamente es fácilmente tratable con medicación.

Precisamente esto fue lo que sucedió en Japón durante el capítulo de Pokemon. De manera accidental, en el capítulo apareció una secuencia de destellos a una frecuencia similar a la de la prueba. Accidentalmente se hizo una prueba diagnóstica de epilepsia a cientos de niños al mismo tiempo. Por supuesto el efecto aumentaba si el niño prefería ver la tele a oscuras y muy de cerca. Este miedo permanece hoy en día: en todos los programas infantiles en Japón advierten sobre la iluminación y la distancia de seguridad con respecto al televisor antes de cada episodio.

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Mensaje de advertencia al comienzo de un programa infantil en la televisión japonesa. Advierte de ver el capítulo alejado de la pantalla y en una habitación iluminada.

De los miles de niños que vieron el capítulo de Pokemon, sólo 685 fueron al hospital con claros síntomas de epilepsia. Los casos fueron confirmados posteriormente, lo que forma la estadística más precisa de la incidencia de una enfermedad en la población, ya que muchas veces los niños con este tipo de epilepsia permanecen sin diagnosticar si no existe esa sobreestimulación.

A pesar de que el capítulo nunca volvió a emitirse de nuevo, en los días siguientes llegaron a los hospitales 12000 niños con síntomas de mareos y vómitos, que habían empezado tras ver el capítulo. Estos casos son los que recuerda la mayor parte de la población, pero sin embargo no tienen nada que ver con la epilepsia. Los hospitales comprobaron que estos niños no eran epilépticos, y sus síntomas eran provocados por el ataque de histeria de la población avivado por los medios de comunicación.

Por suerte, este tipo de epilepsia en niños suele desaparecer durante la adolescencia, en la que el cerebro cambia y entra en una nueva fase de madurez. Actualmente casi todas las víctimas del fenómeno Pokemon son jóvenes adultos sanos sin ningún síntoma.

Por su parte, investigar qué destellos provocaron el fenómeno, sirvió para aumentar la seguridad en los programas de animación y los videojuegos, detectando secuencias sospechosas de provocar crisis epilépticas. Gracias a Pokemon podemos evitar que el temido Tenkan entre en nuestra casa pero, solo por si acaso, no juegues a la consola con la luz apagada.

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